domingo, 22 de abril de 2018

¿POR QUÉ SE HACE LA SEÑAL DE LA CRUZ ANTE UN PELIGRO?, REFLEXIÓN SOBRE EL BAUTISMO, SIGNO DE LA FE CRISTIANA






La señal de la Santa Cruz que los cristianos evocan en momentos de peligro y para la protección del mal, tiene su significado. Cada fiel cristiano debe saber persignarse para demostrar su pertenencia a Cristo.





“Toda nuestra vida, palabras, pensamientos y acciones, están bajo el signo de la cruz, es decir, del amor de Cristo hasta el extremo. Cada vez que hacemos la señal de la cruz, como al despertarnos, antes de las comidas, ante un peligro o antes de dormir, expresamos nuestra pertenencia a Cristo”.






En efecto, la fórmula para persignarse dicta: “Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.



Al explicar los gestos y las palabras de la liturgia bautismal, los padrinos y los padres bautizados deben enseñar a los niños el significado de la Señal de la Cruz.





Esto “ayuda a comprender el don que se recibe en este sacramento y a renovar el compromiso de corresponder mejor a esta gracia”.



 “los catecúmenos adultos manifiestan su deseo de ser recibidos en la Iglesia, mientras que los niños son presentados por sus padres y padrinos, que piden para ellos el don del bautismo”.





“El celebrante y los padres hacen después el signo de la cruz sobre la frente del niño, expresando así que está a punto de pertenecer a Cristo, que nos ha redimido con la cruz”.



todos los fieles deberían averiguar cuál es la fecha del propio bautismo, considerándolo un ‘nuevo cumpleaños’ en la vida espiritual.





¿Por qué se pide el nombre del bautizado?

“En el rito de acogida del bautismo, se pide el nombre del que va a ser bautizado. El nombre indica la identidad de una persona. Dios nos llama por nuestro nombre, nos ama personalmente. El bautismo despierta en nosotros la vocación a vivir como cristianos, lo que implica una respuesta personal por nuestra parte. Pero no termina ahí: a lo largo de los años, Dios sigue llamándonos por nuestro nombre, para que cada día nos parezcamos más a su Hijo Jesús”, aseguró.







 “En este tiempo de pascua, pidamos a la Virgen María que nos ayude a renovar la gracia del bautismo que hemos recibido, para vivir cada día más unidos a Cristo como miembros de la Iglesia”. 



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.




Fuente: Papa Francisco audiencia general de este miércoles 18 de abril de 2018 en la Plaza de San Pedro.

EL BUEN PASTOR DA SU VIDA POR LAS OVEJAS






Sabemos que el Nuevo Testamento utiliza distintas imágenes para que podamos comprender mejor quién es Jesús. El Domingo de Ramos nos deteníamos en la contemplación de Jesucristo como rey. Varias veces se habla del Salvador como cordero. En otros pasajes, el mismo Señor se considera a sí mismo camino, verdad y vida. ¿Qué significado tiene, pues, mirar este domingo a Cristo como buen pastor? La figura del pastor no es una novedad del Evangelio. La tradición anterior hablaba con normalidad de la existencia de pastores, algunos de los cuales, por ejemplo, Moisés y David, fueron llamados por Dios para guiar al pueblo elegido. En realidad, el ambiente pastoril y agrícola de tiempos de Jesús no era muy diferente del de los pueblos del Medio Oriente durante la época en la que se había escrito el Antiguo Testamento.


Sin embargo, para algunos, en pleno siglo XXI, la imagen del pastor podría considerarse superada; no tanto por el contraste de nuestra sociedad con un pueblo ganadero, sino porque el concepto de rebaño hoy puede haber adquirido unas connotaciones peyorativas, al asociarse a un conjunto de personas sin voluntad ni capacidad de decidir, que son guiadas por una voz que amenaza su libertad.




Nada más lejos de la realidad. Basta con detenerse en tres puntos del Evangelio de hoy, para verificar que no es esa la intención del Señor ni, por lo tanto, de la tradición de la Iglesia, cuando ha adoptado el término pastor, para referirlo a Jesucristo, o cuando, análogamente y en referencia a él, se habla de pastores para designar a quienes están al frente del pueblo de Dios.





Entregar la vida y conocer y amar a su pueblo

En primer lugar, el Señor señala que el buen pastor da su vida por las ovejas. Escuchar esta afirmación en pleno tiempo pascual supone reconocer a Jesucristo como aquel que ha entregado la vida: «Yo entrego mi vida para poder recuperarla». Significa la implicación máxima de su persona en favor de los hombres. Este ejemplo resuena cada vez que son ordenados presbíteros, como pastores del rebaño de Dios, especialmente cuando esa celebración tiene lugar en torno a este domingo. Por lo tanto, no se trata de dominar una masa de personas, sino de comprometerse en cuerpo y alma con ellas. En este sentido, cobra relevancia la segunda característica del Evangelio de este domingo sobre el buen pastor: conocer a las ovejas.




Esta realidad nos habla de la relación que nosotros establecemos con Jesucristo, vínculo que nos une también al Padre. Pero también alude al conocimiento personal que la Iglesia pide a sus pastores. La Biblia da a menudo al término conocimiento un valor más profundo, que va más allá de ser consciente del nombre o de las condiciones o necesidades de una persona o de una determinada comunidad: hace referencia al amor hacia esos hombres, es decir, a una relación interior honda y a una aceptación del otro, tal y como es. En tercer lugar, el pastoreo de Jesucristo constituye un servicio a la unidad. No consiste exclusivamente en reunir al pueblo de Israel disperso.


Cuando Jesús alude a «otras ovejas que no son de este redil» y de que «habrá un solo rebaño y un solo Pastor», se está refiriendo a toda la humanidad y a su llamada a salir a los caminos (Cf. Lc 14, 23). Así lo aclaran, igualmente el resto de las lecturas de este día. No en vano la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles dice que «bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos». Jesucristo, el buen pastor, no nos ofrece únicamente una catequesis sobre cómo han de ser los pastores, sino que, entregando su propia vida, conociendo y amándonos profundamente, constituye el paradigma de quien guía a la Iglesia buscando siempre servir y no ser servido.





Evangelio

En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

Juan 10, 11-18






Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.



Fuente: Texto de Daniel A. Escobar Portillo, Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

sábado, 21 de abril de 2018

REGINA CAELI







Regina Caeli (o Regina Coeli) es el nombre de una de las antífonas marianas y oración cristológica de la Iglesia católica en honor de la Virgen. Las otras tres antífonas marianas son: Ave Regina Caelorum, Alma Redemptoris Mater y Salve Regina. Son las palabras latinas con que abre el himno pascual a la Santísima Virgen María que traducidas al español son “Reina del cielo”, es una composición litúrgica a manera de felicitación a María por la resurrección de su Hijo Jesucristo.

El Regina Caeli sustituye el rezo del Angelus durante el tiempo pascual. Así lo estableció El rezo de la antífona de Regina Coeli el Papa Benedicto XIV en 1742. Litúrgicamente está prescrita en el Breviario Romano desde las completas del Sábado Santo hasta la hora nona del domingo de Pentecostés. Debe ser cantado o rezado en coro y de pie.

Aunque no se conoce el autor, ya se rezaba en el siglo XII y los frailes menores (OFM) lo rezaban después del oficio de Completas ya en la primera mitad del siglo XIII y gracias a la misma actividad de los frailes franciscanos se popularizó y expandió por todo el mundo cristiano.

Si bien esta oración es de autor desconocido, la tradición se la atribuye a San Gregorio Magno, el cual escuchó los tres primeros versos cantados por ángeles mientras caminaba descalzo una mañana en una procesión en Roma, a las que él agregó la cuarta línea. Sin embargo, también ha sido atribuido a Gregorio V, aunque sin sólido fundamento.

El himno no parece caer en desuso en la Iglesia, siendo uno de los más populares y rezado -incluso fuera del preceptivo tiempo pascual- por los católicos hasta el día de hoy.





Texto de la oración



Latín

V/

Regina caeli, laetare, alleluia.

R/

Quia quem meruisti portare, alleluia.

V/

Resurrexit, sicut dixit, alleluia.

R/

Ora pro nobis Deum, alleluia.

V/

Gaude et laetare Virgo María, alleluia.

R/

Quia surrexit Dominus vere, alleluia.

V/

Oremus:

Deus, qui per resurrectionem Filii tui, Domini nostri Iesu Christi, mundum laetificare dignatus es: praesta, quaesumus; ut, per eius Genetricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.



Español

V/

Alégrate, reina del cielo, aleluya.

R/

Porque el que mereciste llevar en tu seno; aleluya.

V/

Ha resucitado, según predijo; aleluya.

R/

Ruega por nosotros a Dios; aleluya.

V/

Gózate y alégrate, Virgen María; aleluya.

R/

Porque ha resucitado verdaderamente el Señor; aleluya.

V/

Oremos:

Oh Dios, que, por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te has dignado dar la alegría al mundo, concédenos que, por su Madre, la Virgen María, alcancemos el gozo de la vida eterna. Por el mismo Cristo Nuestro Señor. Amén.



Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.

Fuente: https://es.wikipedia.org

jueves, 19 de abril de 2018

NO EXISTE LA “EVANGELIZACIÓN DE SOFÁ”




Todos los cristianos tienen la “obligación” y la “misión” de evangelizar, pidiendo la gracia de ser “escuchadores del Espíritu” para “estar en salida”, demostrando “cercanía a la gente” y partiendo “no de las teorías sino de las situaciones concretas”. El pontífice reflexiona hoy sobre el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, donde un ángel del Señor le dice a Felipe: “Levántate y ve hacia el mediodía, por la carretera que baja de Jerusalén a Gaza; está desierta”.

Francisco explica que, después del martirio de Esteban, “estallo una gran persecución” para los cristianos y “los discípulos se dispersaron un poco por todas partes” en Judea, en Samaria. Pero precisamente ese “viento de la persecución” – añade – empujó a los discípulos a ir “más allá”.

Como hace el viento con las semillas de las plantas, las lleva más allá y siembra, así sucedió aquí: ellos fueron más allá, con la semilla de la Palabra, y sembraron la Palabra de Dios. Y así podemos decir, bromeando un poco, que nació la ‘propaganda fide’. Así. De una persecución, de un viento, llevaron la evangelización los discípulos. Y este pasaje que hoy hemos leído, de los Hechos de los Apóstoles, es de una belleza grande… Pero es un verdadero tratado de evangelización. Así evangeliza el Señor. Así anuncia el Señor. Así quiere el Señor que evangelicemos.

Las tres palabras de la evangelización

Francisco subraya que el Espíritu es el que empuja a Felipe – y a los cristianos – a la evangelización. Esta, añade, “se estructura” en tres palabras clave: “levántate”, “acércate” y “parte de la situación”.

La evangelización no es un plan bien hecho de proselitismo: “Vamos aquí y hacemos muchos prosélitos, allá, y muchos…” No… Es el Espíritu el que te dice como tienes que ir para llevar la Palabra de Dios, para llevar el nombre de Jesús. Y comienza diciendo: “Levántate y ve”. Levántate y ve a ese sitio. No existe la evangelización “de sofá”. “Levántate y ve”. En salida, siempre. “Ve”. En movimiento. Ve al lugar que te dice la Palabra.

Francisco recuerda los muchos hombres y las muchas mujeres que dejaron patria y familia para ir a tierras lejanas a llevar la Palabra de Dios. Y muchas veces, “no preparados físicamente, porque no tenían los anticuerpos para resistir a las enfermedades de esas tierras”, morían jóvenes o “martirizados”: se trata, dice el Papa – recordando las palabras que le dijo un cardenal – de “mártires de la evangelización”.

Ninguna teoría para evangelizar

El Pontífice explica que no hace falta un “vademecum de la evangelización” sino que hace falta “cercanía”, acercarse “para ver lo que pasa”, y “partir de la situación”, no de una “teoría”.

No se puede evangelizar en teoría. La evangelización es un cuerpo a cuerpo, persona a persona. Se parte de la situación, no de las teorías. Y anuncia a Jesucristo, y el valor del Espíritu le empuja a bautizarlo. Ve más allá, ve, ve, hasta que sientas que ha terminado su obra. Así hace la evangelización.

Estas tres palabras son claves para todos nosotros los cristianos, que tenemos que evangelizar con nuestra vida, con nuestro ejemplo, y también con nuestra palabra. “Levántate, levántate”; “acércate”: cercanía; y “parte de la situación”, la concreta. Un método sencillo, pero es el método de Jesús.

Jesús evangelizaba así. Siempre en camino, siempre en la calle, siempre cercano a la gente, y siempre partía de las situaciones concretas, de lo concreto. Evangelizar solo se puede con estas tres actitudes, pero bajo la fuerza del Espíritu. Sin el Espíritu ni siquiera estas tres actitudes sirven. Es el Espíritu el que nos empuja a levantarnos, a acercarnos, y a partir de las situaciones.









Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.



Fuente: Homilía del Papa Francisco el 19-04-2018 en Casa Santa Marta, Aleteia.

sábado, 14 de abril de 2018

LA CORONA DE LAS 7 ALEGRÍAS DE LA VIRGEN MARÍA





Muchos conocen los dolores de Nuestra Señora, pero ¿y sus alegrías?

Sin embargo, pocos conocen bien sus siete alegrías, que componen una tradición igual de antigua. Los franciscanos han contribuido a preservar esta tradición a lo largo de los siglos gracias a su “rosario”, llamado Corona Franciscana.

Hay una historia que dice que esta corona nació cuando la Virgen María se apareció a un joven novicio franciscano en el siglo XV y “le enseñó que, rezando diariamente un rosario de siete decenas en honor a sus siete alegrías, podría tejer una corona que sería más de su agrado [de la Señora] que el material ramo de flores”.

Las siete alegrías que se meditan durante la Corona Franciscana son similares a los cinco Misterios Gozosos del Rosario.

La Corona de las Siete Alegrías de la Virgen María, también llamada Rosario Franciscano, surgió a principios del siglo XV en Italia, en la época de san Bernardino de Siena (1380-1444). En esta oración, los franciscanos recuerdan las alegrías de Nuestra Señora.

Según una antigua tradición, antes de su Asunción de los cielos, María vivió 72 años en la Tierra. Por eso, en la Corona de las Siete Alegrías rezamos dos Avemarías antes de las siete decenas para completar un Avemaría por cada año de vida de nuestra Madre del cielo.


Introducción.

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Se reza el Credo, un Padrenuestro y 2 Avemarías.


Primera alegría de María: El ángel Gabriel le anuncia el nacimiento de Jesús.

– Lc 1,30-31.38 y reflexión

– Padre nuestro, 10 avemarías y gloria

Oh María, Virgen de la escucha, tú eres la llena de gracia,

tú eres la humilde esclava del Señor.

Tú has dado libremente tu sí al anuncio del ángel

y te has convertido en madre del Hijo de Dios hecho hombre.

Enséñanos a decir siempre sí al Señor, aunque nos cueste.


Segunda alegría: María visita a su pariente Isabel.

– Lc 1,39-42 y reflexión

– Padre nuestro, 10 avemarías y gloria

Tú, María, madre del Señor, llevando a Jesús, que ha tomado cuerpo

en ti, vas a visitar con gozosa premura a la anciana prima Isabel,

para ponerte a su servicio. A tu saludo, su hijo es santificado

por la presencia del Salvador. Enséñanos, Madre de Dios,

a anunciar y llevar siempre a Jesús a los demás.


Tercera alegría: Jesús, Hijo de Dios, nace de la Virgen María.

– Lc 2,6-7 y reflexión

– Padre nuestro, 10 avemarías y gloria

Oh María, madre siempre Virgen, en la pobreza de una cueva

has dado a luz a Jesús, venido al mundo para nuestra salvación.

Tú adoras como Hijo de Dios al que has engendrado.

Guíanos por el camino de una fe viva en Jesús, nuestro Señor y Salvador.


Cuarta alegría: Unos magos de Oriente adoran al niño Jesús en Belén.

– Mt 2,1.11 y reflexión

– Padre nuestro, 10 avemarías y gloria

Oh María, pobre y humilde de corazón, enséñanos a no juzgar,

sino a confiar únicamente en la misericordia de Dios,

que no hace distinción de personas. Porque, si nuestra fe

no se traduce en obras, muchos “magos” nos irán por delante

en el reino de los cielos.


Quinta alegría: María y José encuentran al niño Jesús en el Templo.

– Lc 2,43.46.48-49 y reflexión

– Padre nuestro, 10 avemarías y gloria

Oh María, Virgen del silencio, tú saltas de gozo al encontrar

a Jesús en el templo de Jerusalén, y adoras el misterio

del Hijo de Dios Creador, que en Nazaret vive obediente a sus criaturas.

Enséñanos a buscar siempre a Jesús y a vivir en su obediencia.


Sexta alegría: Jesús resucita victorioso de la muerte y se aparece a los suyos.

– Hch 1,14; 2,1-4 y reflexión

– Padre nuestro, 10 avemarías y gloria

Oh María, fuente del gozo, tú eres la madre del Señor resucitado.

Él es quien ha vencido la muerte. El es nuestra esperanza

en el camino de la vida. Enséñanos, María, a vencer la muerte del

egoísmo, para vivir en la resurrección del amor.


Séptima alegría: María es elevada al cielo y coronada como reina y primicia de la humanidad redimida.

– Ap 11,19; 12,1 y reflexión

– Padre nuestro, 10 avemarías y gloria

Oh María, Reina de los ángeles y de los santos, coronada

de gloria y honor en el gozo sin fin del paraíso,

tú brillas delante de nosotros como estrella de la mañana.

Enséñanos, Madre, a caminar por el mundo con la mirada puesta

allá donde está el gozo auténtico y definitivo.


Letanías de nuestra Señora

Se recitan las letanías lauretanas u otras semejantes.


Saludo a la Virgen

Se puede decir la Salve, o el siguiente Saludo de San Francisco:

Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios,

que eres Virgen hecha Iglesia,

y elegida por el Santísimo Padre del Cielo,

consagrada por él con su santísimo Hijo amado

y el Espíritu Santo Paráclito,

en la que estuvo y está toda la plenitud de la gracia, y todo bien.

Salve, palacio suyo; salve, tienda suya;

salve, casa suya, salve, vestidura suya;

salve, sierva suya; salve, madre suya,

y todas vosotras, virtudes santas, que por la gracia y la iluminación

del Espíritu Santo sois infundidas en el corazón de los creyentes,

para que de infieles se vuelvan fieles a Dios.


Conclusión.

Oremos: Oh Dios, que en la gloriosa resurrección de tu Hijo has devuelto la alegría al mundo entero, concédenos por intercesión de la Virgen María poder gozar de las alegrías sin fin de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.

Amén.

Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales.

Fuente: Aleteia.

lunes, 9 de abril de 2018

CÓMO DEBO VESTIRME PARA IR A MISA O A UNA PROCESIÓN






Una guía para hombres, ¡pero vale también para mujeres!

La sociedad se está volviendo cada vez más casual. Las personas compran en la droguería en pantalones de pijama y pantuflas peludas. En conciertos de música clásica a nivel internacional en los que la gente va vestida con camisetas hawaianas y vaqueros. Incluso las bodas y los funerales son cada vez más casual.





Esto es molesto, porque la forma como vestimos es signo de cuánto respeto tenemos por nosotros mismos y por los demás. Si no nos vestimos bien por alguien o algo, es un signo de que no respetamos a ese alguien o algo.



Vestirse bien es un pequeño sacrificio



Parecer elegantes requiere un esfuerzo. Llevar un vestido bien planchado y corbata en lugar de una camiseta mal doblada requiere tiempo. Afeitarse un requiere un poco de esfuerzo, peinarse también. Son precisamente estos pequeños sacrificios a nivel de tiempo y esfuerzo, sin embargo, los que dicen a los demás que son dignos a nuestros ojos.






Para los hombres no es fácil. Por naturaleza no quieren hacer este esfuerzo. es garantizado que si se hace te sentirás más feliz, viril y seguro de ti mismo.



¡Vístete bien para ir a Misa o una procesión!



Aunque no creas que en las actividades cotidianas valga la pena vestirse elegantemente, hay un lugar en el que sí deberías hacerlo. Siempre. Y es la Santa Misa o una procesión. Jesús, el Rey de los Reyes, está en tu parroquia. Los ángeles tiemblan frente a Él, los demonios huyen de Él. Se hace presente en el altar en cada Misa. ¿De verdad quieres ir a verle en chanclas y pantalón corto? ¿Quieres de verdad decirle a Jesús, “no valía la pena vestirme bien por Ti”?



Como sociedad, nos cuesta comprender esto. Tenemos un punto de vista distorsionado de la igualdad, según el cual nadie, independientemente de quién sea, merece honor o respeto. Esto es simplemente un error. San Pablo dice que hay que honrar a quien se le debe, y si hay alguien que merece honor es Jesucristo.





Es sabido. No lo hace nadie. La Misa en tu parroquia quizás no sea muy reverente (espero que sí), pero no es excusa. Parte del ser hombre es hacer lo correcto, aunque no sea aplaudido. Sé fuerte, ve contracorriente.



Los Sacerdotes, tienen que pensar en explicar el significado de la presencia real de Jesús en la Eucaristía, y después animar amablemente a los feligreses a mostrar respeto en el modo como se visten.



El legalismo no es la respuesta



Todo el mundo debería vestir bien en Misa o una procesión, pero no se trata de prescribir exactamente lo que hay que ponerse. No es nuestra tarea recomendar un frac o una levita, un color determinado de pantalones o cierto tipo de zapatos. Pero te sugiero tres normas básicas:



1. Tu vestido debería requerir un esfuerzo



Cuando decides qué ponerte para ir a Misa o una procesión, no busques lo más confortable o cómodo. Intenta estar un poco incómodo. Haz un esfuerzo y un pequeño sacrificio.







2. Tu vestido debería estar por encima de lo casual



Cada uno vive en un lugar, y nuestra cultura tiene mucho que ver con lo que representa un vestido respetuoso. Pero, independientemente de donde vivamos, deberíamos tener “vestidos de domingo”, más bonitos que los que llevamos todos los días. Si para ir a Misa o una procesión te pones lo mismo que para ver la tele, entonces tienes un problema.







3. Hazlo por amor



Lo más importante es que nuestra motivación debe ser el amor. En el momento en que hacemos las cosas por otras razones, estamos perdiendo el tiempo.



Se oye a muchos decir: “Dios mira al corazón, ve que le quiero aunque no me vista bien”. ERROR. El amor se manifiesta siempre externamente con actos de donación de uno mismo.



El amor no es un sentimiento, sino una elección de sacrificarse uno mismo o algo a lo que se da valor, por otro. Como dije antes, vestirse bien es un pequeño sacrificio. Cuanto menos te apetece, más precioso será a los ojos de Jesús este gesto.



Aunque el mundo te diga que no vale la pena vestirse bien por nada, un caballero o dama católico/a no debe pensar así. Debemos mostrar respeto por nosotros mismos y por los demás haciendo un esfuerzo.






¿Cómo se suelen vestir en tu parroquia o hermandad?  ¿Qué puedes hacer por mejorarlo?







Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales



Fuente: aleteia.org




domingo, 8 de abril de 2018

LETANÍAS A LA DIVINA MISERICORDIA






Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un solo Dios verdadero, ten piedad de nosotros.

Después de cada invocación se dice: En ti confío.

1. Misericordia Divina, que brota del seno del Padre.
2. Misericordia Divina, supremo atributo de Dios.
3. Misericordia Divina, misterio incomprensible.
4. Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad.
5. Misericordia Divina, insondable para todo entendimiento humano o angélico.
6. Misericordia Divina, de donde brotan toda vida y felicidad.
7. Misericordia Divina, más sublime que los cielos.
8. Misericordia Divina, fuente de milagros y maravillas.
9. Misericordia Divina, que abarca todo el universo.
10. Misericordia Divina, que baja al mundo en la Persona del Verbo Encarnado.
11. Misericordia Divina, que manó de la herida abierta del Corazón de Jesús.
12. Misericordia Divina, encerrada en el Corazón de Jesús para nosotros y especialmente para los pecadores.
13. Misericordia Divina, impenetrable en la institución de la Sagrada Hostia.
14. Misericordia Divina, en la institución de la Santa Iglesia.
15. Misericordia Divina, en el sacramento del Santo Bautismo.
16. Misericordia Divina, en nuestra justificación por Jesucristo.
17. Misericordia Divina, que nos acompaña durante toda la vida.
18. Misericordia Divina, que nos abraza especialmente a la hora de la muerte.
19. Misericordia Divina, que nos otorga la vida inmortal.
20. Misericordia Divina, que nos acompaña en cada momento de nuestra vida.
21. Misericordia Divina, que nos protege del fuego infernal.
22. Misericordia Divina, en la conversión de los pecadores empedernidos.
23. Misericordia Divina, asombro para los ángeles, incomprensible para los Santos.
24. Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios.
25. Misericordia Divina, que nos rescata de toda miseria.
26. Misericordia Divina, fuente de nuestra felicidad y deleite.
27. Misericordia Divina, que de la nada nos llamó a la existencia.
28. Misericordia Divina, que abarca todas las obras de sus manos.
29. Misericordia Divina, corona de todas las obras de Dios.
30. Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos.
31. Misericordia Divina, dulce consuelo para los corazones angustiados.
32. Misericordia Divina, única esperanza de las almas desesperadas.
33. Misericordia Divina, remanso de corazones, paz ante el temor.
34. Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas.
35. Misericordia Divina, que infunde esperanza, perdida ya toda esperanza.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Ten piedad de nosotros.

V. Las Misericordias de Dios son más grandes que todas sus obras.
R. Por eso cantaré las Misericordias de Dios para siempre.




ORACIÓN



Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia Mismos. Amén.





Artículo enviado por: Jesús Manuel Cedeira Costales